Cueva de Los Tayos: Historia completa
Las doce horas de viaje en el bus estrecho terminaron antes, al lado del Morona Santiago, un río crecido que arrastró el único puente para cruzar al otro lado. La única alternativa para superar la situación la improvisaron los dueños de una caseta mezcla de restaurante, tienda y alojamiento: un jeep levantado al que le quitaron una rueda para usar su base como polea, tiraba de una tarabita con capacidad para diez personas y algunas maletas. La canasta se elevaba unos diez metros sobre el caudal y tardaba como tres minutos en terminar su recorrido. Un servicio privado para un problema público.
Estábamos en el amazonas ecuatoriano, la región más grande de este país suramericano, rumbo a una cueva de la que muchos hablan, pero que pocos conocen: la Cueva de los Tayos, un sitio lleno de leyendas, mitología e historias increíbles. Dicen que por ella se puede cruzar el continente bajo tierra, que en alguno de sus rincones yace, tallada en láminas de oro, la historia de una civilización desaparecida y que por sus pasillos inmensos algún indígena malicioso pudo ver a hombres gigantes dejándoles como cebo un viejo billete de sucres, la desaparecida moneda ecuatoriana.
Llegamos por tierra al oriente de este país de ocho millones de habitantes porque en aquellos días los vuelos al aeropuerto de Macas estaban suspendidos por problemas en la torre de control.
La tarabita fue una incomodidad, sin embargo el viaje por tierra nos sorprendió. Somos colombianos y la guerra de más de 40 años en la que está sumergido ése país nos acostumbró a vivir prevenidos, pero en este lugar nos recordaron que, a pesar de todo, la vida puede ser tranquila. El ingreso al amazonas tiene un retén militar de los tantos que hay en los países suramericanos. De los mismos que en Colombia sirven para controlar el acceso de comida y de personas a las zonas apartadas. El bus fue detenido y nuestra primera reacción, fue tratar de pasar desapercibidos, algo imposible cuando uno lleva cámaras, mide más de 1.80 de estatura, es blanco y va en un bus lleno de indígenas andinos. Separados a un lado de los ocupantes, sólo ensayábamos con murmullos respuestas acordadas, improvisadas y repetidas en Colombia, pero no hubo espacio para ponerlas en práctica. Los militares no hicieron preguntas. Sólo expresaron una bienvenida con una frase dolorosa “señores colombianos, bienvenidos al amazonas. Aquí no están en su país, así que pueden caminar tranquilos por donde quieran”. No se si ahora, con los problemas fronterizos entre los dos países, la frase se repita, pero en el momento del viaje nada se hablaba de la presencia de la guerrilla colombiana en algunos sectores de la selva amazónica ecuatoriana.
Dos horas más adelante de la tarabita terminó el primer día de viaje. El segundo día comenzó con otras dos horas de recorrido en otro bus pequeño con pasajeros indígenas. Otra vez éramos los únicos dos blancos en el viaje. Un líder de la comunidad Shuar nos esperaba en el siguiente pueblo para darnos un permiso que permitiera nuestro ingreso a su territorio. Fueron cien dólares por una carta que nadie exigió.
Cuatro horas más adelante, a bordo de una camioneta contratada, llegamos a un pequeño caserío. Diez casas y una escuela. Era el final de la carretera. Una vía destapada por la que no parecen circular muchos carros. Al menos es la impresión que queda cuando uno ve correr y esconderse tras los árboles a los pocos habitantes que aparecen para curiosear el ruido del motor.
Aquel día terminó con un aguacero que nos impidió salir del salón de clases donde nos alojaron. No había energía suficiente para recargar las baterías de la cámara de vídeo, así que tuvimos que seguir como estábamos. El problema es que el cambio de clima y el tiempo sin usar hacen desaparecer la carga y ya completábamos dos días de viaje y no sabíamos cuántos faltaban. Aunque las medidas de tiempo son universales, el cálculo en los desplazamientos es distinto en todas partes, como lo volveríamos a comprobar al día siguiente.
EL CAMINO POR LA SELVA
La aldea la habitaban indígenas Shuar más acostumbrados a la presencia de hombres blancos que quienes custodian la cueva, también Shuar, pero de aquellos que conservan la pintura de guerreros en el rostro, una lengua ancestral y las enseñanzas ocultas de sus antepasados expertos en la reducción de la cabeza de sus enemigos. Por eso nuestros anfitriones decidieron enviarnos con dos guías y un burro. En el burro montamos la carga: diez botellas de agua, otras tantas de gaseosa, pan, algunos enlatados, una manila gruesa de 100 metros y las lámparas para iluminar la cueva. Lo que no llevamos fue lo que más nos recomendaron: botas de caucho altas. Decidimos usar las nuestras, las bota de cuero con suela alta que cubren hasta el tobillo. Las mismas con las que caminamos por tantas partes, pero nunca en el amazonas.
Comenzamos el recorrido con la ansiedad que produce lo desconocido, con la ilusión que genera una buena foto y con el temor que produce la incertidumbre sobre la verdad de las historias escuchadas eran ciertas. “Es como una especie de Catedral dentro de la tierra”, nos dijo Fernando Meza antes de partir. Él es un arquitecto quiteño que estuvo en la cueva acompañando la única expedición reconocida por el gobierno ecuatoriano, la del padre Pedro Porras, arqueólogo de la Universidad Católica, en 1975.
Pero además de Meza, otros antropólogos de Quito también nos hablaron de la cueva. Dijeron que fue el lugar de castigo para la esposa infiel de un cacique. La mujer sobrevivió gracias a los pájaros que le dan el nombre y que pudo cazar. “Ella, – la mujer infiel-, después de ver la virtud de la grasa de los pájaros los lleva como obsequio a su esposo para que éste la perdone”, narra Mónica Bolaños, antropóloga de la Dirección Cultural de Ecuador, quien también refiere otras dos leyendas míticas: La primera de ellas también relacionada con infidelidad cuenta todo lo contrario, “el esposo de una mujer infiel fue lanzado a la cueva por el amante de ella, pero gracias a los pájaros que pudo cazar, se salvó y salió para vengarse”.
Pero también contaron que fue el centro de encuentro de las culturas costeras y andinas de Ecuador en épocas prehispánicas, de eso mostraron algunas evidencias: conchas espóndigus y conchas madre perla usadas como moneda que sólo pudieron llegar allí llevadas por alguien. Pero también enseñaron cerámicas. Elementos pertencientes a los años 1500 y 500 A.C. “Esos hallazgos- dice, Mónica Bolaños-, además de su ubicación, y de los indios Shuar que la custodian, hacen la cueva importante para el Ecuador.”
Las leyendas, las conchas, las cerámicas, los indios reducidores de cabeza, sin embargo no son los únicos temas alrededor de la cueva. En la Internet también se dice que fue el lugar de una civilización desaparecida, que guarda los secretos de la humanidad, que fue descubierta por el argentino-húngaro Juan Moricz y que fue visitada por Neil Armstrong, el primer hombre que piso la luna, que en su interior se realizaban rituales y que nadie ha podido recorrerla completamente.
Realidades, mitos e historias a las cuales debe agregarse el comentario de los indígenas que nos sirven de guía en la selva. Sobre otra taravita para cruzar el rio Zamora, Luis Yukiantza sólo dice, en un español difícil “En la cueva hay huellas gigantes de los hombres de los cielos”.
Pero a medida que se alargaba el camino, las prioridades cambiaban. Ahora queríamos sólo llegar, flanquear la selva que por largos minutos se cerraba sobre nosotros. El olfato sólo percibía el fresco de la vegetación, la humedad asfixiante de la selva y el olor a sudor de la bestia y de quienes caminábamos y el oído sólo descubría atemorizado los ruidos desconocidos, los detalles de las hojas crujientes a nuestro paso, la respiración agitada de todos y la mirada sólo lograba conquistar hojas verdes alrededor y sobre la cabeza y bajo los pies las mismas hojas hundiéndose cuando dábamos cada paso sobre un barro amarillo que dejaba colar las piernas hasta las rodillas para casi atraparlas. En ese momento comprendimos la importancia de las botas de caucho, pero era demasiado tarde. Debimos conformarnos con arrastrar el barro dentro de las botas citadinas y muchas veces, sacarlas con la mano de aquella trampa húmeda de la selva.
A las cuatro horas anunciadas de recorrido no sabíamos cuanto faltaba y los guías habían perdido el cálculo. Sobre el burro sólo quedaba la manila y un maletín con algunos cables inútiles en estos lugares sin energía y en el cuerpo esa sensación de hambre insatisfecha. Apareció entonces la primera casa en el camino. El lugar donde la bondad campesina e indígena nos brindó la que sería nuestra comida por los próximos tres días: chicha de yuca, una bebida verde con sabor del tubérculo fermentado. Debo confesar que aquella primera vez simulé que la tomaba para no herir el sentimiento de la mujer que la brindaba. Temía por una infección en medio de la nada verde, lejos de un médico, pero después no fue igual. Aprendí rápido que esa bebida servía para despistar al estómago vacío y que cometimos el error de acabar con los pocos víveres demasiado pronto.
Las cuatro horas se volvieron ocho antes de llegar a nuestro destino, otro poblado Shuar. Otras diez casas y un salón comunal. Verlo fue un alivio, sentir la ropa no. Llevábamos una sola muda y la teníamos puesta. El barro humedeció los pantalones e hizo insoportable tener puestas las botas. Después de explicar lo que pretendíamos nos dieron como alojamiento el salón comunal. No tenía puerta y estaba construido con tablas a través de las cuales se filtraba el viento. No sabía que las noches en estos 132 mil kilómetros de selva ecuatoriana fueran tan frías que impidieran dormir cuando uno sólo llevaba encima una camisa manga larga, pues el resto lo pusimos en una ventan con la ilusión de sentirlos algo secos al otro día. Sólo ilusión.
Antes de permitirnos descansar la comunidad ofreció algo de tomar: chicha de yuca. Y sus condiciones para permitir nuestro ingreso a la zona de la cueva, ellos eran los guardianes. Tratamos de hacer uso del permiso que nos costó cien dólares, pero no hubo cómo. Los Shuar exigían otra suma igual: cien dólares, pero incluían un guía para guiarnos en la cueva, pero así como cobraban para entrar, imponían condiciones para salir. “No pueden sacar ni una sola piedra”, sentenció el líder, pero agregó una laxitud “pueden tomar fotos porque queremos que venga más gente”. Recordando los antecedentes, decidimos aceptar sin mucho titubeo y ofrecimos además dejar para la aldea la manila. Así creíamos dar un paso para ganar su confianza, la misma que los antiguos visitantes blancos de la cueva ganaban con muchos días de convivencia para conquistar el corazón de los ancianos encargados de autorizar el ingreso a la Cueva de los Tayos.
El último tramo hasta nuestro destino fue más corto, pero más tortuoso. Un grupo de indígenas nos acompañó hasta el lugar. Algunos de ellos reflejaban esa extraña mezcla que deja la culturización: llevaban el rostro pintado, pero lucían pantalón largo de dril y camisas de seda. Al burro lo acompañaba un caballo y la carga éramos nosotros. Pero en algunos tramos de ese costado occidental de la cordillera de El Cóndor, los animales no podían caminar con la carga a cuestas, entonces tocaba volver al barro.
Al final de cinco horas de este tercer día de viaje, apareció la abertura sobre la tierra. Estábamos en los 78 grados 13 minutos latitud oeste y 3 grados 6 minutos latitud sur. En la Cueva de los Tayos.

Salón de la Luz
La Cueva
Por fin la Cueva de Los Tayos. Por fin estaba frente a los misterios. La entrada la podía ver sobre unas piedras. El lugar no estaba cubierto por muchos árboles, pero los pocos que tendían sus hojas sobre la apertura producían una ilusión con los rayos de sol que los cruzaban. Parados sobre el borde la cueva no se veía el fondo. Entonces los indígenas tendieron un gran palo de lado a lado y sobre él lanzaron la manila. Fue cuando nuestro primer guía, Luis Yukiantza, quien nos acompañaba desde la carretera, se acercó para hacernos una advertencia, “yo me quedo aquí afuera porque estos indios son capaces de quitar la cuerda y lanzarla al fondo de la cueva para dejarlos allá”. La advertencia nos pareció miedosa, pero poco probable pues uno de ellos, acompañado de su hijo, iba a ser nuestro guía abajo. De lo que debíamos asegurarnos es que ellos fueran los primeros en bajar y los últimos en subir.
Los hombres hicieron una cadena. Se alinearon a lo largo de las rocas inmensas que forman el techo de la cueva y tomaron la manila. El primero en bajar fue el guía, Alfonso Sandó. Después lo hizo su hijo y luego mi compañero. No teníamos arnés, ni elemento alguno para descender por roca. Ni siquiera experiencia. Sólo el espíritu de aventura que carga todo reportero. Así que todo fue improvisado. Un palo recogido en el lugar sirvió para sentarnos. Estaba amarrado con la manila a la que le dejaron un tramo para amarrarnos con ella a la altura de la cintura. Un nudo, la linterna de la cabeza prendida y a descender los 63 metros hasta el fondo de la cueva. La distensión en la cuerda indicaba a los de arriba que estábamos en el fondo y un tirón que nos habíamos soltado. El recorrido demoraba más que el paso en la tarabita y la seguridad dependía de la resistencia del palo que servía para hacer descender la cuerda y de las manos de los indígenas que la iban soltando lentamente.
El descenso no era difícil hasta los diez metros cuando la pared de la cueva sobre la que uno se impulsaba, desaparecía. Entonces la inercia convertía al cuerpo en un trompo que sólo paraba de girar cuando el piso lo detenía. Los ojos terminaban cerrados porque la mezcla de oscuridad y rayos fugaces de luz creaban una ansiedad inmanejable. Al final la sensación de mareo impedía ponerse de pie rápidamente. Sólo unos minutos después era posible desatarse y tirar de la cuerda. El regreso fue más difícil.
La oscura inmensidad apareció ante nosotros. La luz de las linternas no parecía alterar el ambiente. Eran pequeños chorros amarillos que no alcanzaban a dominar la oscuridad de aquella entrada. Apenas podíamos ver el lugar donde íbamos a dar el siguiente paso. La profundidad sólo se sentía cuando una mirada descubría la apertura de la cueva sobre la cabeza. Si nos quitaban la cuerda, era imposible regresar.
Pero allí la cueva aún era pequeña. Unos metros adelante la pared se abría. La cueva se anchaba y ganaba profundidad. Improvisamos una escalera haciendo nudos en un lazo que llevaba el guía para bajar al siguiente nivel. “Al lado izquierdo hay un pasadizo que nadie sabe a donde va”, así empezó la descripción de Sandó sobre aquel lugar.
“Por allí es por donde se van los gigantes. Mi padre bajo una vez aquí y descubrió unas huellas gigantes. Él era el síndico de la comunidad y como no sabía de quienes eran las huellas, les puso una trampa: colocó unos sucres para ver si venían. Se escondió detrás de esas piedras y de pronto sintió que se acercaban. Vio una luz y unas sombras, pero de pronto los gigantes salieron corriendo. No cogieron la plata”. El padre de nuestro guía ya murió, como también son parte del recuerdo los sucres, la antigua moneda ecuatoriana, antes de la dolarización.
La bulla de los tayos, los pájaros negros ciegos, que le dan el nombre a la cueva y que viven en la oscuridad hacen ensordecedor el ambiente. El piso está cubierto de guano, el excremento de las aves. Es tan suave como el barro de la selva, pero los pies no se hunden en él. Tampoco huele mal. Tal vez haya cubierto muchos secretos de la cueva. Para hablar es necesario gritar, pero gritar en un lugar tan cerrado produce un eco abrumador. La cueva está dividida en galerías claramente separados por aperturas con formas de arco, casi tan perfectas como algunas piedras gigantes con formas geométricas: cubos o esferas que parecen talladas.
“Este lugar es la sala, -dice Sandó cuando la cueva se abre en un espacio que parece circular.- En este sitio estuvieron esos extranjeros que vinieron hace muchos años. Nosotros vimos que se llevaron unas cajas cerradas, pero nunca pudimos ver lo que había en ellas”-, narra el guía.
- ¿Pero que creen que tenían?- pregunto
- Cabezas reducidas, nosotros creemos que se robaron las cabezas reducidas y también se llevaron muchas piedras.
Piedras que según otra leyenda pudieron ser preciosas. Dicen los viejos que aquí vivieron Nunkui o la diosa de la tierra y Sunki, el dios del diluvio, en medio de la opulencia, oro y esmeraldas. Pero de eso no habló nuestro guía Shuar.
La verdad es que nunca se supo con exactitud qué salió en la carga de la expedición. Como tampoco, hasta ahora, se sabe si el descubrimiento de Moricz es cierto o no. Unas láminas de oro de 96 por 48 cm, supuestamente sacadas de la cueva, con parte de la historia de una civilización pérdida fueron entregadas en custodia al padre Crespi, un desaparecido sacerdote de Cuenca, Ecuador y otras cuidadas por un amigo de Moricz. Las del sacerdote fueron enseñadas como prueba del hallazgo, pero personas como Fernando Meza, el arquitecto quien estuvo en la expedición oficial aseguran que esas láminas eran falsas. “Lo único que se pudo comprobar es que eran láminas de latón y no eran de oro, por lo menos las que enseñaron como muestra”.
Sin embargo hoy todavía se habla de esas láminas como el gran misterio. En Internet hay un texto que señala “un revelador artículo del filólogo hindú Dileep Kumar, quien analizando los símbolos que se muestran en una de las piezas del padre Crespi, concluyó que los ideogramas pertenecían a la clase de escritura Brahmi, utilizada en el período Asokan de la historia de la India, hace unos 2.300 años… Cuatro años más tarde, el doctor Barry Fell -Profesor de Biología de la Universidad de Harvard- identificaba 12 signos de la lámina en cuestión con los propios signos empleados en el Zodíaco”
Tal vez las láminas son las dos cosas.
Uno de los habitantes de la Cueva
Lo cierto es que en ese lugar donde estábamos lo sorprendente eran los habitantes de la cueva, los tayos en el aire, las arañas en las paredes y los ratones en las hendijas. Todos descubiertos en carrera presurosa cuando los alcanzaban el débil rayo de luz que servía para permitir que las cámaras captaran lo poco que la oscuridad dejaba ver.
La sala o el salón
Entre esas cosas también estaban las figuras de “La Sala” o salón de las estalactitas que claramente esculpía el agua que corría o caía. Lo que es difícil pensar es que esas mismas gotas hayan labrado la perfección de piedras con figuras geométricas, los arcos y los espacios catedralicios que se podían adivinar después de adaptar la vista a la poca luz.
Las piedras cortadas a la perfección
Hoy cada lugar de la cueva tiene una historia. La primera que vimos hablaba de los hombres gigantes. La segunda, “La Sala”, era el lugar del “saqueo” y la tercera, a la que íbamos en ese momento, era el lugar de las ceremonias religiosas de los antiguos.
Se llama “Salón de la luz”. El lugar se abre majestuoso. En un extremo una entrada de luz, semicubierta por los pájaros que aletean constantemente, deja ver una boca amplia, pero inalcanzable. La altura en un cálculo somero es de más de 100 metros. “Es el único sitio conocido de la cueva con su propia salida al exterior diferente al lugar de ingreso. Un cálculo que ratifica Fernando Meza, el arquitecto quien conoce los detales arqueológicos misteriosos de la sala. Él afirma que “Su altura es de más de 100 metros hasta la abertura y de 30 metros hasta el techo en la parte baja”.
“En los contornos de este salón existen graderías que fueron hechas por seres humanos para espectar algún tipo de ceremonia especial”, cuenta el arquitecto, quien agrega, que “La geología de las paredes es muy diferente a la geología de las gradas lo cual hace pensar que fueron hechas por seres humanos que trajeron las piedras de otro lado, pero no sólo ocurre en las graderías, sino en otros ciertos sitios que tapan algunos pasadizos”.
Esos pasadizos no los vimos, nuestro guía no los mostró. Sólo nos señaló por el que supuestamente pasan los gigantes.
“Miren bien y verán que las gradas todavía se ven clariticas”, dijo Sandó quien también corroboró la hipótesis del traslado de piedras.
- Qué hacían aquí,- le preguntamos.
- Las ceremonias.- Contestó, pero no dio más explicaciones.
Nunca supimos cuáles fueron las ceremonias. Los antropólogos aseguran que eran rituales religiosos. La imaginación, sin embargo no podía separar la idea de la reducción de cabezas.
Lo único cierto que hay sobre este espacio, fue lo que encontró el padre Porras en una expedición antropológica: conchas marinas que por su antigüedad revelan que el lugar fue sitio de encuentro de los indígenas amazónicos y los costeros de la región pacífica del Ecuador. Algunos restos de vajillas que permiten establecer que efectivamente el interior de la cueva tuvo actividad humana. “Creemos que hubo una tribu independiente que pudo desarrollar sus propios rasgos… Por ejemplo se halló una botella que el pico tiene una forma antropomorfa, esto es único de la Cueva de los Tayos”, dicen los antropólogos, pero hasta ahora ninguno de los hallazgos puede dar fe de las leyendas, ni de las historias que se leen en la internet.
La extensión que recorrimos no fue más allá de tres kilómetros de longitud y unos dos de ancho. La extensión de la cueva nadie la conoce. Hay quienes aseguran que alguien recorrió 17 kilómetros, pero los creyentes en sus secretos la igualan al continente.
Cuando las baterías de las luces y la cámara se agotaron, regresamos. La salida de la cueva fue más difícil que la entrada, mis manos quedaron con callos de la fuerza que hice para asirme a la manila y el sudor del estrés fue más grande, sintiendo la lentitud del ascenso y pensando que cada tirón dependía de la fuerza de aquellos hombres que, según sus vecinos, podrían dejarnos tirados en cualquier momento.
Arriba las sombras empezaban a crecer con la caída del día. El regreso fue tan tortuoso como la ida.
Regresamos a la aldea entrada la noche y después de ese cuarto día pudimos saborear algo distinto a la chicha de yuca. Los indígenas, tal vez conmovidos y sorprendidos por el esfuerzo, decidieron ofrecernos una gallina de alguna de sus casas.
- Se la vendemos en 20 dólares y se la cocinamos.
Fue la gallina más cara, pero fue un manjar que disfrutaron todos. Es decir compramos la gallina que la aldea tenía para la cena de ese día.
Esa fue la última noche con los Shuar. Nos contaron que ya no reducían cabezas de humanos, que ahora, de vez en cuando reducían cabezas de micos y monos.
Pero las cabezas reducidas es asunto de otra historia donde pueda contarles sobre las únicas que hallamos escondidas en unas cajas de un museo. Entre ellas la de un monje francés del siglo XIX, porque este viaje sólo se limitó a la Cueva de los Tayos alrededor de la cual ahora encontraron petroglifos gigantes que aún no se investigan y la que seguirá guardando su misterio en la tradición oral de los indígenas y en los textos de la internet, hasta que alguna expedición devele su verdad o su mentira.
La cabeza reducida de un misionero europeo, al parecer muerto en el siglo XVIII







Manuel Palacios
17 mayo 2013 at 9:16
Saludos, Soy Manuel Palacios y he sido acreditado (por la comunidad shuar Arutam de Coangos) omo enlace, coordinador y jefe de expediciones, exploraciones y visitas de interés científico. Es mejor llevar grupos, ya que de esta manera puede optimizarse la logística. Mi mail es manuel7palacios@gmail.com
juan carlos
5 mayo 2013 at 11:56
vivo en madrid, españa, ahy algun grupo turistico que organize visitas a esta cueva?si pudieran informarme o darme algun enlace seria genial, gracias
Chloe
9 abril 2013 at 22:47
Have you got any qualifications? strattera and adhd paper and electronic batch, as well as online claim submissions.
David Cando Cevallos
22 diciembre 2012 at 19:07
Excelente experiencia…¡¡¡¡ Talves podrían ayudarme con el dato exacto acerca de la edad geológica y formación geológica de todas estas cuevas pertenecientes a la Amazonia….
Mi correo es: davlexnl@hotmail.com
Les saluda David….
Anónimo
13 diciembre 2012 at 15:30
ta interesante…ese lugar… rechulo
Agustin Mankash
12 diciembre 2012 at 17:48
quisiera conocer ese lugar esta estupendo
PEDRO GAIBOR ZURITA
20 noviembre 2012 at 13:03
COMO ESTAN AMIGOS SERIA FABULOSO ARMAR UNA EXPEDICION COMPLETA CON TODO EL EQUIPO NECESARIO QUE ESTAMOS INTERESADOS DEVEMOS HACER LLEGAR ESTO AL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA PARA QUE NOS FINANCIE UNA EXPEDICION PUES TENDRIAMOS QUE ESTAR 1 MES POR LO MENOS PARA PODER INVESTIGAR A FONDO NO SE SI RECUERDAN ALGO DE HISTORIA INDIGENA PERO SE DICE QUE CUANDO VINIERON LOS ESPAÑOLES Y BUSCABAN A ATAHUALPA CUANDO YA ESTABAN SOBRE EL DESAPARECIA Y AL RATO YA ESTABA EN PERU PARA GRAN ENTENDEDOR POCAS PALABRAS QUE QUIERE DECIR QUE LA CUEVA DE LOS TAYOS ES UN PASADISO SECRETO A OTRO CONTINENTE ESPERO LES AYA GUSTADO EL COMENTARIO Y SI BAN ME INVITAN SOY ECUATORIANO Y EX COMBATIENTE DEL CENEPA ME GUSTARIA APORTAR EN ALGO
Juan Carlos Cazares
14 octubre 2012 at 22:28
ES INCREÍBLE LOS SECRETOS QUE AUN ESTÁN ESCONDIDOS. EN LA IMAGEN DE EL PETO SE VE CLARAMENTE A LA ALTURA DE LOS OJOS 3 HELICÓPTEROS Y MAS ABAJO UN SOLDADO CON UN ARMA CREO QUE ESTA PLASMADO UN VERDADERO ATLANTE Y LE VEO SIMILITUD CON LA GENTE DE LA INDIA, POR SU VESTIMENTA MAS SIN EMBARGO LA ESCRITURA ES CUNEIFORME COMO LAS CULTURAS SUMARIAS DE MEDIO ORIENTE. IMPRESIONANTE DE VERDAD
steven Parra
1 octubre 2012 at 13:26
hola exelente paguina antes de todo quiero contarles algo durante mucho tiempo a exitido una cueva en una region de manabi ecuador la cual me afirman testigos q habitan cerca de ese lugar que son cavernas con dibujos tallados como una espicie de cuevas de indios no he ido a confirmarlo; pero tengo mucho testigos de que esa cueva existe y que han ido reporteros pero no han podido ir mas alla de esa cueva pork ai que pasar una especie de rio subterraneo para poder llegar pork dicen que es muy oscuro y la gente que vive a sus alrededores les da panico ir mas alla de la cueva ya que es oscuridad total
la verdad esq no tengo los implementos necesarios para ir alla necesito ayuda para poder dar una expedicion a esa cueva virgen que afirman ser de indios
tengo testigos tambien q afirman que hace unos 40 años atras en ese pueblo se hacian unas series de cosas dicen q en los pequeños rios que hay en ese lugar se encontraban pequeños restos de vacijas de barro y en veces de bronce
para llegar alla ai que escalar unas espies de rocas me dijeron y llegando arriba esta la entrda a la cueva en donde hay que cruzar un rio para llegar mas alla y saber que hay pasando ese rio
bueno amigos espero que me contacten soy de ecuador y me gustaria hacer esa expedicion pero necesito los implementos adecuados y gente experta me pueden contactar seventy_forever1993@hotmail.com
Federico
27 agosto 2012 at 7:00
Fantástico relato el suyo…, me ha hecho retroceder a un tiempo en el que también hize unas cuantas locuras… digo locuras porque siempre las hize con una carencia de equipo y preparación que solo pude superar con sudor y lágrimas… aunque lo suyo me supera en improvisación y magnitud de semejante empresa…, ha sido un deleite leerlo y ver que su relato es fiable, sin exageraciones ni fantasías… cosa que es costumbre en estos casos… espero su ejemplo esto sirva a las generaciones futuras….
Y para Raúl Maza… los Guacharros también se encuentran en Perú….
Dios los bendiga!!…
Raul Maza
12 agosto 2012 at 12:32
Hola que tal…… saludos desde Venezuela….. solo queria comentar que aca … en el Estado Monagas, existe una poblacion de nombre Caripe, cerca de la cual existe una cueva llamada “La cueva del Guacharo”, resulta ser que este “Guacharo” es la misma ave que identifica a las aves que se encuentran en la Cueva de los Tayos….. su nombre cientifico es Steatomis Caripensis…. creo que esa especie fue descubierta aca por Alejandro de Humboldt en uno de sus viajes a Latinoamerica hace dos o tres siglos…. No sabia que existieran en alguna otra parte…. implicara esto algun tipo de migracion superficial o subterranea? seria interesante investigar esto…. con respecto a nuestra cueva del Guacharo dicen que no tiene fin y realmente no he oido de nadie que haya hecho esa exploracion….. Humboldt entro en ella pero hasta donde se solo entro dentro unos centenares de metros … de hecho hay alli una roca bautizada en su honor…..
Diego Hernán Canal Vargas
5 julio 2012 at 20:09
Dentro de las interpretaciones hay quienes señalan que hacen parte de una biblioteca con el conocimiento de la humanidad. Pero se trata de especulaciones, pues la biblioteca aún no se encuentra. Hay quienes creen que podría ser una civilización extraterrestre la que dejó todo allí, pero igual no hay algo concreto. Y hubo algo que no pude constatar y es que aseguran dentro de las láminas entregadas al padre Crispi fueron hechas en Europa en época moderna.
Jose Ramos
5 julio 2012 at 2:31
Excelente investigación, tengo una consulta, en un objeto q le han obsequiado al Padre Crespi los indígenas (la pirámide) se observa claramente que ellos graban nuestro sistema solar, una ruta o forma de viaje* y además un templo custodiado por dos felinos, bueno esta es mi perspectiva de lo que se puede observar., me gustaría saber más sobre el enfoque que le dan al interpretar estos escritos que nosotros llamamos jeroglíficos o bien escritura de mayor avance.
bianka
23 junio 2012 at 16:58
hola como
Andres Gonzalez
24 febrero 2012 at 1:44
Muy buen relato asombroso voy a ver si en mis vacaciones voy a conocer la cueva soy de guayaquil pero supuestamente la cueva esta relacionada con las dos entradas q dicen q existen en los dos polos polo sur y polo norte
diego moreta
19 febrero 2012 at 19:52
hola soy de arguentina vivo serca de la cordillera tengo un poco de experiencia en supervivencia y aventuras si arman la la expedicion me gustaria ir me llamo diego moreta ex militar
JAIRO RESTREPO
17 agosto 2011 at 16:46
Diego,
Excelente reportaje, desde el año que visitaste las cuevas has organizado otra expedición? Estoy en Cali, Colombia y estoy fascinado con el tema. Por favor me informas si en el 2011 o 2012 existe una expedición programada. Finalmente, tienes el mapa que se ha dibujado a la fecha de la cueva de acuerdo al Dr. Hall que entro hasta 17Kms adentro? Mi email de contacto es jrestrep@techemail.com
javier guerra
2 marzo 2011 at 3:22
don diego.. que gran reportaje.. hoy me siento mas orgulloso de saber que usted fue maestro mio, lo malo es que solo fueron 8 meses..Dios lo bendiga…
javier guerra…
gustavo
22 marzo 2010 at 14:58
hola soy de argentina me gustaria entablar contacto con ustedes y q me expliquen como hicieron el contacto con los shuar..para poder entrar en la selva…
me gustaria conocer el lugar…
por favor comuniquense…
Sebastian Almeida Dillon
23 febrero 2010 at 15:16
Hola soy Sebastian de Quito te felicito por el reportaje muy interesante ……Mira yo estoy organizando unas expediciones para los LLanganatis y la cueva de los tayos me gustaria que me escriban las personas aventureras y entusiastas del tema para ver si podemos organizar alguna salida …Yo soy dueño de una empresa de Deportes Extremos no habria pobrema por el equipo(harnes,carpas,sleeping,cuerdas,etc) soy guia de montaña y me encanta la aventura… me correo es sadillon22@hotmail.com La cosa es hacer un buen grupo de expedicionarios para ver que mismo encontramos por tanto lugar magico ….conosco otras historias de cuevas y lugares encantados… Sebastian
Fabio Briceño
3 enero 2010 at 22:26
Exelente el reportaje lo leí como si lo viviera, conozco mucho el Ecuador y es facinante, existen muchas historias sobre los yanganates, vividas desde la entrada por la sierra llamada la via Salcedo Tena testigos hablan sobre animales raros y el mal aire y sensaciones extrañas cuando visitas estos lugares en especial unas lagunas donde van de pezca, algo interesante que podrias investigar…. por favor enviame mas fotografias de tu expedición gracias..
diegocanal
21 agosto 2009 at 18:37
Gracias por tu visita al blog y dime qué más te gustaría saber…
ADRIANA
21 agosto 2009 at 17:20
HOLA. QUE BUEN RELATO, ME ENCANTO, SOY COLOMBIANA Y ME GUSTARIA SABER MAS DE AQUELLA EXPEDICION.
GRACIAS
raul
27 junio 2008 at 0:36
hola soy australiano de padres ecuatorianos y la verdad siempre me an gustado estos temas de mi pais me gustaria saber si tienes mas fotos de la cueva y saber si los indios te lo ponen facil ya que este año ire a ecuador y quiero plantear un viaje por los yanganates que se supone que se escondio el tesoro del imperio inca y quisiera ir a las cuevas te agradeceria si puedes mandarme fotos a mi y darme informacion te dejo mi email gracias camilinx2@hotmail.com
Holger David Pcio
10 junio 2008 at 14:34
Perdón; por que no han publicado videos. ´Me gustaría ver Videos
Holger Pico
Holger David Pcio
10 junio 2008 at 14:33
Quiero saber como llegar. Hace 2 años llegué hasta Macas , pero nadie me dio razón. Por que publican videos. Y quienes son. Sería interesante entablar contacto, ya que me interesa llegar a la cueva.
Gracias
Holger Pico